Espejito, espejito

Tuesday, July 21st, 2009

espejitoEspejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino? Y el espejo no siempre contestaba favorablemente, pero que era sincero era sincero. Un caso de espejo honesto.
Yo tuve uno ante el cual me afeitaba mal y me peinaba en forma desprolija, así y todo el espejo siempre me mentía:
—Quedáte tranquilo que estás bien. Andá nomás a esa cita con la mujer de tus sueños.
Yo iba nomás y me encontraba con que Mireya se asustaba de mi aspecto y hacía conjeturas sobre cómo sería yo cuidando una relación sentimental si no era capaz de una afeitada al ras, ni de peinarme como corresponde.
—Pero Mireya, el espejo…
—A otra con tu espejo. Rompélo. Elegí, el espejo o yo. No cabemos en el mismo baño.
La decisión no fue fácil. Elegir un espejo que siempre me dice que estoy bien, que mi aspecto es inmejorable, que la cara está bien afeitada, que el pelo no se cae, que las arrugas no asoman, o una mujer que con los años se irá sincerando.
Me quedé con Mireya, pero no rompí el espejo para evitar los años de mala suerte. Lo guardé bien guardado.
Después de una década Mireya lo encontró en un baúl. Cuando pensé que vendrían los reproches, la descubrí en el baño escribiendo sobre el espejo con pintalabios que era una diosa, que estaba más joven que nunca, que era la más bella del reino. El espejo, complaciente, no hizo refutación alguna.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Trampa en la escondida

Tuesday, July 21st, 2009


Cuentos, relatos y otras mentiras piadosas.
Hacer trampa en la escondida puede traer consecuencias eternas. Lo mismo que cualquier otra picardía criolla. Los personajes de este libro bien lo saben, puesto que han hipotecado su alma para obtener un crédito bancario, se han empecinado en probar la redondez del universo trazándola con un marcador, han viajado a la velocidad de la luz para develar los enigmas de la historia y guardan en secreto la ubicación de una hilacha capaz de deshilvanar todo lo que existe si se tira de ella. Aún así, conservan la ingenuidad y se animan a abrir las tapas de un libro que no ladra, pero que muerde, donde pueden leer treinta historias, las propias.

Guillermo Galli.-

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Textos de la obra

Otros cuentos y relatos del libro:

  • Último mate de Cristóbal Colón
  • Uña reencarnada
  • Tragáme tierra
  • El hombrecito del congelador
  • Duendes y enanos de jardín
  • Casa abandonada
  • No mires hacia atrás
  • Premonición
  • Terror en la tv
  • Utopías
  • Mensaje en un boleto
  • Máquina de hacerse humo
  • La hilacha del universo
  • Raza superior
  • La brisa
  • Usura eterna
  • Las patas cortas de una mentira
  • Los desagües
  • Esa piedra tan pesada
  • La sombra inteligente
  • Límites
  • Espejito, espejito
  • El libro de Turdera
  • Basta

Uña reencarnada

Tuesday, July 21st, 2009

Uña reencarnadaTengo una uña reencarnada. La tengo en un dedo del pie. La uña fue oreja en otra vida, entonces oía todo y tomaba nota. Alguien cortó esa oreja y la puso en vinagre o la tiró al tacho, no sé muy bien la historia. El asunto es que muchos años después la oreja reencarnó en uña, y aquí estoy, con la uña reencarnada. Me dice que en otra vida fue oreja, la de un gran pintor, que ella tomó nota y que se trajo recuerdos de entonces. Por eso intenté pintar con el pie como algunos artistas. Pero no hay caso, los recuerdos de la oreja de un pintor poco pueden decir de colores e impresionismo. Sobre todo si la oreja fue cortada. Por algo será. En cambio tengo un amigo con dos uñas reencarnadas que toca el piano con los pies. Dice que las uñas fueron orejas de un gran compositor. Cómo hay gente con suerte.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Los desagües

Thursday, September 7th, 2000

155306524_aacb8a25ceCuando era chico convencí a un amigo de que bajo la tapa de un desagüe se hallaba la entrada a una maravillosa ciudad subterránea. Creo que en parte yo también me lo creí, porque pasamos varios meses haciendo los preparativos para bajar y explorar la ciudad.

El día en que estuvimos listos para el descenso le confesé que todo era un invento mío, que no existían ciudades de esa naturaleza y menos bajo el suelo de Villa Urquiza. También me convencí de ello.

Así y todo, parecer ser que las fantasías infantiles no mueren del todo cuando las encara un desengaño. Me animo a decir que siempre queda algo de ellas, incluso aún después de cumplida la mayoría de edad.

Hoy mi amigo es arqueólogo, busca y a veces encuentra bajo sus pies alguna que otra ciudad maravillosa y sepultada por el paso del tiempo. Yo trabajo para el municipio, desciendo a los desagües de la ciudad y me encargo de la limpieza y el mantenimiento. Todavía no sé si lo hago por el sueldo, o qué.

(Dedicado a Eliana, para que siga creyendo en los reyes magos, a pesar del faltazo)