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Ladrón que roba a ladrón

Tuesday, July 21st, 2009

Ladrón que roba a ladrónLadrón que roba a ladrón, ya saben, cien años de perdón. Ahora bien, ladrón que le roba a un ladrón que antes le robó a otro ladrón, es un criminal y debe ir preso, pues le ha robado a un perdonado. Salvo que el ladrón perdonado ya haya cumplido sus cien años de perdón, en este caso quien le roba se convierte en un ladrón de ladrón, por lo tanto se beneficia con los cien años de perdón designados para el caso. Lo mismo ocurre con ladrón que roba a ladrón que roba a ladrón que roba a ladrón. Como podemos observar, robar con total impunidad no es tan sencillo. El ladrón que desee tener acceso al beneficio del perdón de cien años, deberá estar seguro de no robarle a un inocente ni a un ladrón perdonado, sino a quien le ha robado a ellos. Es decir que su posición en la cadena de robo debe representar siempre un número par. En cambio, el acto delictivo debe cometerse contra un ladrón que cargue un número impar. Esto se averigua, como todo, preguntando.
—Arriba las manos.
—¡No me mate!
—No confunda, no soy un asesino. Mi familia pasa hambre. La semana pasada nos cortaron el cable. Lo arribo con desesperanza, en un profundo estado de conmoción debido a la grave crisis que está atravesando el país en este momento. Por ello me atrevo a preguntarle, y ruégole responda con sinceridad, si ha incursionado en la ratería, y en tal caso qué número ocupa usted en la cadena de robo.
—El último al que he robado le robó a su vez a un renombrado político. Soy el número tres.
—Dame la billetera, guacho.

De “Trampa en la escondida” – Guillermo Galli

Usura eterna

Tuesday, July 21st, 2009

usuraeternaLa eternidad es un concepto que pregona aquel que no le alcanzan veinte años para pagar un crédito hipotecario.
Cuando el empleado del banco preguntó a qué plazo solicitaba el crédito, el solicitante respondió:
—De aquí a la eternidad.
—El plazo máximo es a veinte años, señor.
—¿Pero qué son veinte años? Ya lo dijo Gardel “que veinte años no es nada” ¿o el banco no cree en lo eterno, en la inmortalidad del alma? Propongo una hipoteca sobre mi alma que no es un bien amortizable. Necesito un crédito a pagar de aquí a la eternidad. Véalo de este modo, yo estaría en deuda con el banco aún en el Más Allá.
—De acuerdo, lo hacemos así.
—¿Cuánto sería mi cuota mensual?
—Calculemos. Cien mil pesos más los intereses, dividido infinito… todo lo dividido por infinito da cero, o sea que la cuota mensual es igual a cero, de aquí a la eternidad, por siempre jamás. Firme aquí y el dinero es suyo.
—Gracias —dijo el flamante deudor—. Ahora tengo acceso a una vivienda digna —y levantándose corrió a gastarse la plata.
—Caen solos —susurró el diablo sentado tras su escritorio.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Utopías

Tuesday, July 21st, 2009

utopiasSe había puesto como meta llegar hasta el final del arco iris, donde dicen que hay una olla repleta de monedas de oro. Tras siete años desistió, al darse cuenta, confesó luego, que la búsqueda de las monedas de oro era una meta puramente material, que la codicia desacralizaba la causa y le quitaba el favor de los dioses.
Entonces se embarcó en una nueva causa. Se dispuso a contar los granos de arena existentes en todas las playas, areneros, construcciones, peceras, cajitas de hacer pis del gato y relojes del mundo. Pasó veintidós años contando arena en la playa de San Clemente. Hasta que una noche, luego de haber sumado cifras descomunales, sintió la misma impotencia que a sus cinco años, cuando descubrió que sólo sabía contar hasta cien. Consultó a los científicos más renombrados y todos coincidieron en darle la mala noticia: no se habían inventado más números para seguir contando granos de arena. Desmoralizado abandonó la causa y juró por su madre que no volvería a enredarse en una empresa de tal magnitud.
Cuando a las dos semanas su mamá falleció, él ya estaba buscando una nueva meta. Compró un marcador Dibujol y se dispuso a probar la redondez del universo trazando una línea que partiera de Bahía Blanca, atravesara las sierras de Córdoba, avanzara hacia el Polo Norte y de allí remontara derecho hacia el infinito para luego volver por el otro lado y desembocar en la Av. Jorge Moore, al sur de la ciudad bonaerense. Pintó cientos de kilómetros sin respetar rutas, ni carteles de propiedad privada ni de cuidado con el perro. Su empeño y valentía lo llevaron a convertirse en el centro de atención de los medios. Muy pronto ganó el apoyo popular y el auspicio exclusivo de Dibujol. Pero las cosas comenzaron a enturbiarse, algunos alcaldes presionaron a la empresa de marcadores para que la línea pasase por ciertas ciudades, aún cuando éstas no formaran parte del itinerario de nuestro amigo. La empresa lo intimidó a desviarse a Amsterdam, Nueva York, Tokio y Londres, en ese orden, esgrimiendo un contrato que él había firmado de la única manera en que podía haberlo hecho, con una línea que cruzaba de punta a punta el documento legal. Resignado desvió su recorrido, esperando ganar cuanto antes el espacio exterior para encauzar su rumbo de una vez por todas. De pronto ya habían pasado dieciséis años. Miró el reloj y tomó conciencia de la finitud del tiempo. Se preguntó si acaso su línea quedaría inconclusa en medio del infinito, y si Bahía Blanca alguna vez lo vería volver por el otro lado. Sin embargo eligió no dar lugar a cavilaciones existenciales. Encaró el marcador y se dispuso a cruzar el Atlántico con rumbo a Canadá para luego subir al Polo Norte. En su paso por Montreal, se enteró de la noticia que acabaría por derrumbarlo: la línea que años atrás había trazado en su paso por Tucumán acarreaba consecuencias funestas. Tucumanos al este y al oeste de la línea reclamaban segregarse. Convertidos en feroces separatistas se trenzaban en una guerra civil donde la disputa era ideológica antes que territorial: ambos bandos querían dejar en claro quién se separaba de quién.
Decepcionado del mundo nuestro cazador de utopías tiró la toalla. Se refugió en una secta de agnósticos que profetizaban el saber mientras profesaban el no saber y pasó sus últimos años en el monasterio, ubicado en las inalcanzables alturas del piso treinta de una torre en Puerto Madero.
Ya en su lecho de muerte, rodeado por sus compañeros de secta, confesó animado que nunca había abandonado la esperanza de alcanzar una quimera que beneficiara a la comunidad científica, o al menos al resto de la humanidad. Así fue que sus últimas palabras expresaron el comienzo de una nueva epopeya. Sin largas despedidas partió rumbo a la eternidad, como quien va a pasar una tarde al Tigre.

Alberto querido, tus amigos te estamos esperando. Rogamos a quién sabe quien, que donde sea que estés, no exista lo que fuere que te haga abandonar tu promesa de volver de la muerte, sólo para contarnos si hay algo en el Más Allá.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Terror en la tv

Tuesday, July 21st, 2009

11tvPonés el noticiero y agarráte Catalina. Corré ya mismo a verificar que tengas todo bajo llave, enrejado, enjaulado, el perro amaestrado, la licuadora conectada con la policía, los enanos de jardín con ojos infrarrojos y la vecina de enfrente haciendo guardia en la vereda mientras barre. Ojo, ojo a todo. Ojo que todos te quieren afanar o estafar de alguna forma. Todos menos los del noticiero que por supuesto te advierten lo que te puede pasar si no andás con ojos en la nuca. Fijáte además que lo hacen gratis, por tu bien, como un servicio desinteresado a la comunidad.
Por suerte el otro día, en uno de mis viajes al futuro, prendí la tele y puse el noticiero. Qué grato fue enterarme de que para el año 2058 el crimen ya estará erradicado, vaya a saber porqué. Pero a no ilusionarse, que no todo será color de rosa. Existirá una amenaza aún peor. Yo aconsejo a los que piensen vivir para ese entonces que se vayan preparando, después no digan que no les avisé cuarenta años antes. Por suerte estarán los noticieros, como siempre y gracias a la TV, para tenernos al tanto del nuevo peligro que sufriremos los argentinos en la segunda mitad del siglo XXI: los fantasmas. Sí señor, los fantasmas, espíritus, almas en pena y aparecidos reemplazarán a los actuales criminales. Resurgirán de donde sea que estén ahora para hacerle la vida imposible a la clase media trabajadora. Si no me creen, les copio alguno de los titulares que serán noticia, para que vayan tomando sus recaudos.

MARIDO GOLPEADO. Villa Crespo. Un hombre de cuarenta y ocho años que enviudara hace tres meses, denunció ante las autoridades que el fantasma de su mujer lo espera todas las noches, cuando vuelve del bar, con un palo de amasar que utiliza para molerlo a golpes y recriminarle la hora de su llegada. El hombre, angustiado, dice no poder defenderse por ser su mujer un ente incorpóreo, no así el palo de amasar.

PORTERO VENGADOR. Belgrano. El caos se ha apoderado de una escuela primaria. El espíritu del portero fallecido recientemente, hace sonar la campana del recreo cada siete minutos. ¡La directora escandalizada! Los alumnos, chochos.

SPOT PUBLICITARIO: ¡Cuando el fantasma entra, ya es tarde! ¡No espere el mal momento para llamar al cura! ¡Mejor es prevenir que curar! Tenga su Puerta Anti Espectral en cómodas cuotas, y a los fantasmas … ¡sáquelos por la ventana!

“VOY A ACABAR CON LA INSEGURIDAD”. Lo dijo el flamante Ministro de Justicia, Norberto Palotti. Aseguró que buscará el apoyo del Presidente para demoler por completo el barrio de San Telmo, por tratarse de un juntadero de casas embrujadas. En su lugar ya se planea el emplazamiento de torres y centros comerciales.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

La hilacha del universo

Tuesday, July 21st, 2009

banco-de-plazaExiste una hilacha en una plaza de Buenos Aires, tal vez debajo de una baldosa o junto a un bebedero. Nadie conoce su ubicación exacta, pero son varias las teorías que se han formulado sobre qué pasa si se tira de esa hilacha. Un em­pleado bancario de apellido Garabito asegura que se deshilvanaría la plaza entera, junto con los hombres, mujeres, perros y palomas que estuviesen sentados en los bancos o parados sobre las baldosas. Por eso casi nadie se anima a buscarla, la tentación de tirar de ella sería tan grande como peligrosa para la propia existencia.

Unos trabajadores del puerto aseguran que se trata de una tanza a cuyo extremo está atado un azuelo clavado en el paladar de una criatura subterránea. Pero no lo han podido probar. En realidad ni siquiera lo intentaron, quizá porque en lo íntimo no están completamente seguros de que el empleado bancario esté equivocado y temen ser destruidos junto con la plaza.

Algo semejante sucede con el Círculo de Odontólogos de Villa del Parque. Sus miembros dicen estar convencidos de que la hilacha es un cordel atado a la muela de un individuo que recurrió al viejo método para extraerse la pieza dental. Dicen que a falta de voluntarios que se animasen a tirar del cordel, enterró parcialmente un extremo, ató el otro a la muela y se sentó en un banco de plaza a esperar a que algún curioso descubriese la hilacha y tirase de ella. Si los odontólogos no intentan demostrar su teoría es porque reniegan de un método tan poco profesional para la extracción de muelas, y porque en el fondo temen estar equivocados y traer a la superficie a una feroz criatura subterránea.

De la misma escuela de Garabito surgió el científico Juan Carlos Quitilipi, cuya teoría es mucho más fatalista que la del empleado bancario. En un principio Quitilipi adhería a la idea de la destrucción de la plaza como consecuencia de tirar de la hilacha, pero después (después que lo dejó la novia, dicen) planteó que en realidad el problema era mucho mayor, y que tirar de ella significaría no sólo la destrucción de la plaza sino del universo entero. Se cree que Quitilipi conoce la ubicación exacta de la hilacha, que si no la revela es porque ve en ella una salida de emergencia cuando reine el caos, un diluvio segundo y definitivo, y porque le gusta imaginar, como todo buen científico, que está en sus manos el privilegio de poder salvar o destruir todo lo que existe.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Espejito, espejito

Tuesday, July 21st, 2009

espejitoEspejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino? Y el espejo no siempre contestaba favorablemente, pero que era sincero era sincero. Un caso de espejo honesto.
Yo tuve uno ante el cual me afeitaba mal y me peinaba en forma desprolija, así y todo el espejo siempre me mentía:
—Quedáte tranquilo que estás bien. Andá nomás a esa cita con la mujer de tus sueños.
Yo iba nomás y me encontraba con que Mireya se asustaba de mi aspecto y hacía conjeturas sobre cómo sería yo cuidando una relación sentimental si no era capaz de una afeitada al ras, ni de peinarme como corresponde.
—Pero Mireya, el espejo…
—A otra con tu espejo. Rompélo. Elegí, el espejo o yo. No cabemos en el mismo baño.
La decisión no fue fácil. Elegir un espejo que siempre me dice que estoy bien, que mi aspecto es inmejorable, que la cara está bien afeitada, que el pelo no se cae, que las arrugas no asoman, o una mujer que con los años se irá sincerando.
Me quedé con Mireya, pero no rompí el espejo para evitar los años de mala suerte. Lo guardé bien guardado.
Después de una década Mireya lo encontró en un baúl. Cuando pensé que vendrían los reproches, la descubrí en el baño escribiendo sobre el espejo con pintalabios que era una diosa, que estaba más joven que nunca, que era la más bella del reino. El espejo, complaciente, no hizo refutación alguna.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Trampa en la escondida

Tuesday, July 21st, 2009


Cuentos, relatos y otras mentiras piadosas.
Hacer trampa en la escondida puede traer consecuencias eternas. Lo mismo que cualquier otra picardía criolla. Los personajes de este libro bien lo saben, puesto que han hipotecado su alma para obtener un crédito bancario, se han empecinado en probar la redondez del universo trazándola con un marcador, han viajado a la velocidad de la luz para develar los enigmas de la historia y guardan en secreto la ubicación de una hilacha capaz de deshilvanar todo lo que existe si se tira de ella. Aún así, conservan la ingenuidad y se animan a abrir las tapas de un libro que no ladra, pero que muerde, donde pueden leer treinta historias, las propias.

Guillermo Galli.-

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Textos de la obra

Otros cuentos y relatos del libro:

  • Último mate de Cristóbal Colón
  • Uña reencarnada
  • Tragáme tierra
  • El hombrecito del congelador
  • Duendes y enanos de jardín
  • Casa abandonada
  • No mires hacia atrás
  • Premonición
  • Terror en la tv
  • Utopías
  • Mensaje en un boleto
  • Máquina de hacerse humo
  • La hilacha del universo
  • Raza superior
  • La brisa
  • Usura eterna
  • Las patas cortas de una mentira
  • Los desagües
  • Esa piedra tan pesada
  • La sombra inteligente
  • Límites
  • Espejito, espejito
  • El libro de Turdera
  • Basta

Uña reencarnada

Tuesday, July 21st, 2009

Uña reencarnadaTengo una uña reencarnada. La tengo en un dedo del pie. La uña fue oreja en otra vida, entonces oía todo y tomaba nota. Alguien cortó esa oreja y la puso en vinagre o la tiró al tacho, no sé muy bien la historia. El asunto es que muchos años después la oreja reencarnó en uña, y aquí estoy, con la uña reencarnada. Me dice que en otra vida fue oreja, la de un gran pintor, que ella tomó nota y que se trajo recuerdos de entonces. Por eso intenté pintar con el pie como algunos artistas. Pero no hay caso, los recuerdos de la oreja de un pintor poco pueden decir de colores e impresionismo. Sobre todo si la oreja fue cortada. Por algo será. En cambio tengo un amigo con dos uñas reencarnadas que toca el piano con los pies. Dice que las uñas fueron orejas de un gran compositor. Cómo hay gente con suerte.

De Trampa en la escondida – Guillermo Galli

Los desagües

Thursday, September 7th, 2000

155306524_aacb8a25ceCuando era chico convencí a un amigo de que bajo la tapa de un desagüe se hallaba la entrada a una maravillosa ciudad subterránea. Creo que en parte yo también me lo creí, porque pasamos varios meses haciendo los preparativos para bajar y explorar la ciudad.

El día en que estuvimos listos para el descenso le confesé que todo era un invento mío, que no existían ciudades de esa naturaleza y menos bajo el suelo de Villa Urquiza. También me convencí de ello.

Así y todo, parecer ser que las fantasías infantiles no mueren del todo cuando las encara un desengaño. Me animo a decir que siempre queda algo de ellas, incluso aún después de cumplida la mayoría de edad.

Hoy mi amigo es arqueólogo, busca y a veces encuentra bajo sus pies alguna que otra ciudad maravillosa y sepultada por el paso del tiempo. Yo trabajo para el municipio, desciendo a los desagües de la ciudad y me encargo de la limpieza y el mantenimiento. Todavía no sé si lo hago por el sueldo, o qué.

(Dedicado a Eliana, para que siga creyendo en los reyes magos, a pesar del faltazo)