Ladrón que roba a ladrón, ya saben, cien años de perdón. Ahora bien, ladrón que le roba a un ladrón que antes le robó a otro ladrón, es un criminal y debe ir preso, pues le ha robado a un perdonado. Salvo que el ladrón perdonado ya haya cumplido sus cien años de perdón, en este caso quien le roba se convierte en un ladrón de ladrón, por lo tanto se beneficia con los cien años de perdón designados para el caso. Lo mismo ocurre con ladrón que roba a ladrón que roba a ladrón que roba a ladrón. Como podemos observar, robar con total impunidad no es tan sencillo. El ladrón que desee tener acceso al beneficio del perdón de cien años, deberá estar seguro de no robarle a un inocente ni a un ladrón perdonado, sino a quien le ha robado a ellos. Es decir que su posición en la cadena de robo debe representar siempre un número par. En cambio, el acto delictivo debe cometerse contra un ladrón que cargue un número impar. Esto se averigua, como todo, preguntando.
—Arriba las manos.
—¡No me mate!
—No confunda, no soy un asesino. Mi familia pasa hambre. La semana pasada nos cortaron el cable. Lo arribo con desesperanza, en un profundo estado de conmoción debido a la grave crisis que está atravesando el país en este momento. Por ello me atrevo a preguntarle, y ruégole responda con sinceridad, si ha incursionado en la ratería, y en tal caso qué número ocupa usted en la cadena de robo.
—El último al que he robado le robó a su vez a un renombrado político. Soy el número tres.
—Dame la billetera, guacho.
De “Trampa en la escondida” – Guillermo Galli





Hacer un comentario